Fecha: 2 de julio de 16:30 a 16:45 Lugar: Palacio de Congresos de Valencia.Congreso de Arquitectos de España 2009
NUEVAS REALIDADES SOCIALES, NUEVAS EXIGENCIAS PROFESIONALES:
El arquitecto como agente activo en la construcción de un hábitat social
RESUMEN
Gran parte de la población de los países denominados en desarrollo vive en asentamientos urbanos precarios en condiciones residenciales lesivas para su salud. Estas personas no tienen cubiertas las necesidades vitales básicas, donde se incluye todo lo relacionado con el hábitat. Los arquitectos son una pieza clave en este campo y pueden contribuir al desarrollo de estas personas desde la mejora de su hábitat, dándoles niveles de HABITABILIDAD BÁSICA (“mínimo de habitabilidad necesario para que las personas puedan desarrollar todas sus capacidades personales y sociales”). La profesionalización de la cooperación y la ayuda al desarrollo ha supuesto un aumento de la demanda de arquitectos para implementar de manera más efectiva los proyectos de cooperación relacionados con la construcción y las infraestructuras. Sin embargo, los contextos de estos proyectos presentan complejidades diferentes a las que estamos acostumbrados a trabajar en los países occidentales y es necesaria una formación específica para poder hacerles frente, sin olvidar el compromiso personal y social del arquitecto y su posicionamiento crítico con la realidad actual.
COMUNICACIÓN
NUEVAS REALIDADES SOCIALES, NUEVAS EXIGENCIAS PROFESIONALES: El arquitecto como agente activo en la construcción de un hábitat social.
1. EL DERECHO A LA HABITABILIDAD BÁSICA
En la declaración de Estambul sobre Asentamientos Humanos, redactada en la Conferencia de las Naciones Unidas celebrada en 1996 (HABITAT II), se estableció como objetivo principal “garantizar una vivienda adecuada para todos y lograr que los asentamientos humanos sean más seguros, salubres, habitables, equitativos, sostenibles y productivos”. Pasada más de una década la realidad existente demuestra el pequeño avance logrado.
Según la propia organización de Naciones Unidas, un tercio de la población mundial (2.000 millones de personas) no tiene cubiertas sus necesidades mínimas de cobijo. Más de la mitad viven en los países en desarrollo, ocupando asentamientos urbanos precarios y en condiciones residenciales lesivas para su salud. También en los países desarrollados de Occidente, en lo que se conoce como cuarto mundo, encontramos un porcentaje de población (100 millones de personas) sin acceso a condiciones dignas de habitabilidad.
En ninguno de estos casos se cubren las necesidades vitales básicas donde se incluyen, además del derecho a la salud y la educación, el acceso a la vivienda, a espacios públicos salubres, a infraestructuras elementales de agua y saneamiento, y a un entorno sostenible y seguro. Sería en este punto donde situaríamos la denominada HABITABILIDAD BÁSICA, que podemos definir como “aquel nivel mínimo de habitabilidad necesario para que las personas puedan desarrollar todas sus capacidades personales y sociales”. Se trata, por tanto, de contribuir al desarrollo de las personas desde la mejora de su hábitat. En este campo los arquitectos/as son una pieza clave.
2. EL RETO DE LA PROFESIÓN FRENTE A LA NUEVA REALIDAD SOCIAL
La precariedad urbana de los barrios periféricos de América Latina o de las ciudades emergentes de África y Asia, presentan complejidades y características de desarrollo y gestión ajenas al sistema mercantil en el que estamos acostumbrados a trabajar en los países llamados occidentales. En estos contextos urbanos o periurbanos encontramos viviendas de autoconstrucción espontánea, levantadas con materiales de mala calidad sobre suelos vulnerables y sin ningún tipo de planificación. No se dispone de infraestructura ni de condiciones de legalidad, lo que dificulta el derecho a la propiedad del suelo y de la vivienda. Esta pobreza “material” del hábitat resulta más evidente, si cabe, en poblaciones con escasos recursos económicos donde las rentas no superan, en muchos casos, el dólar diario.
Conseguir la habitabilidad básica en estos contextos urbanos y humanos es un reto para los arquitectos y demás agentes implicados, pero para ello resulta preciso un nuevo enfoque de la profesión. Se hace necesaria una formación específica que permita a los profesionales encarar y resolver los problemas de precariedad habitacional en contextos de extrema pobreza. Se requieren conocimientos técnicos particulares para implementar proyectos de urbanizaciones de bajo coste, para desarrollar soluciones habitacionales progresivas, para potenciar procesos constructivos apropiados y “apropiables”, para trabajar con materiales autóctonos reevaluados, para investigar sobre posibles sistemas de industrialización que minimicen costes o para involucrar a la población mediante procesos participativos comunitarios. En definitiva, se trata de establecer nuevas disciplinas metodológicas que consideren la importancia del “proceso” frente al producto o resultado final, aspecto olvidado en la arquitectura de nuestros días.
3. ARQUITECTURA Y COOPERACIÓN: UN ENFOQUE PROFESIONAL
El panorama de desigualdad que encontramos en la actualidad entre los países desarrollados y aquellos que denominamos en vías de desarrollo, se intenta contrarrestar con un número creciente de programas y proyectos de cooperación internacional, tanto mediante ayuda oficial como a través de organizaciones no gubernamentales. Muchos de estos proyectos se centran en la mejora de asentamientos precarios y es evidente que gran parte de su éxito depende de una buena asistencia técnica. Existen iniciativas que inciden en otros aspectos básicos, como la salud y la educación, pero que muchas veces van acompañados de la construcción de infraestructuras o edificaciones para poder desarrollarlos, como la construcción de escuelas, hospitales, dispensarios, etc. Es decir, se trata de proyectos que aunque no están directamente relacionados con la mejora habitacional, exigen la construcción de un edificio o equipamiento que deberá acompañarse de un proyecto técnico y de la supervisión y seguimiento de un profesional competente.
La cooperación española posee experiencia contrastada en este campo de trabajo. Sin embargo, en los últimos años la tendencia a la profesionalización está siendo reforzada, como única garantía para llevar a cabo proyectos útiles y eficaces que cumplan los objetivos propuestos. El aumento de los proyectos de cooperación y la creciente profesionalización del sector, ha tenido como consecuencia inmediata la demanda de arquitectos e ingenieros por parte de las organizaciones implicadas. El trabajo realizado por técnicos competentes asegura la elaboración de un buen proyecto y la calidad de la obra construida, y eso significa una buena inversión de las ayudas, lo que constituye mayores beneficios para la población afectada. El papel del técnico provoca un incremento en la calidad del producto y optimiza la ejecución del proceso1.
4. UNA NUEVA FORMACIÓN
Esta nueva manera de entender la profesión del arquitecto, integrado en proyectos de gestión y producción de hábitat, no aparece reflejada suficientemente en la formación impartida en las escuelas de arquitectura de nuestro país, salvo dignas excepciones con experiencias docentes desarrolladas en las escuelas de Barcelona, Sevilla o Madrid. En este último caso cabe destacar el Instituto de Cooperación en Habitabilidad Básica (ICHAB) donde, desde hace más de diez años, se vienen desarrollando cursos especializados de formación en este ámbito.
Lo cierto es que difícilmente un arquitecto que desee orientar su profesión hacia la arquitectura social podrá recibir una formación adecuada durante el periodo formativo básico de la Universidad. Esta situación resulta agravada con la adecuación de los nuevos planes de estudios al Espacio Europeo de Enseñanza Superior, derivado del Proceso de Bolonia, donde la inevitable reducción de créditos en el grado de arquitectura implica la formación generalista del arquitecto en su primer ciclo, relegando su formación especializada a los máster o cursos de postgrado. Resulta por tanto necesario tomar conciencia del riesgo de vacío académico que puede producirse en el nuevo marco educativo, potenciando el desarrollo de asignaturas optativas integradas en el primer ciclo o cursos de especialización en los ciclos posteriores.
5. LA ARQUITECTURA SOCIAL: MÁS QUE UNA SALIDA PROFESIONAL
La habitabilidad básica, la cooperación al desarrollo y en general todos aquellos aspectos relacionados con una arquitectura social integrada en procesos sostenibles de construcción del hábitat constituyen, sin duda, un campo posible para el desarrollo profesional del arquitecto. Así mismo, se ha comentado que la profesionalización de los mecanismos de gestión, diseño y seguimiento de estos procesos resulta el garante de su eficacia técnica y social. Sin embargo, desde la agrupación SOSTRE defendemos el compromiso personal del arquitecto y su posicionamiento crítico con la realidad del mundo actual. El objetivo de nuestro trabajo pretende producir cambios en la vida de las personas y que esos cambios tengan consecuencias directas y cercanas: conseguir un capital humano saludable con un potencial personal y social por explotar que permita el desarrollo de los valores locales en sus comunidades o países de origen. La arquitectura no es el final sino el camino para conseguir esto.
(1). “Formación en materia de habitabilidad básica en la ETSAM de Madrid (UPM)”.Ponencia presentada en el IV Encuentro de Cátedras Latinoamericanas de Vivienda Popular, Red ULACAV. Resistencia (Argentina), Octubre 2001. Julián Salas y Felipe Colavidas


