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Una gran injusticia

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Daniel Atiénzar

 

La RAE define expoliar como la acción de despojar con violencia o con iniquidad, es decir, con una gran injusticia. Justicia que es administrada en torno a unas leyes que realizan aquellos que gobiernan en cada región. Una de ellas es la ley 16/2005, Ley Urbanística Valenciana (LUV), esa ley que tanto se comenta en el Parlamento Europeo y que propicia la espiral de urbanismo especulativo que nos ha llevado a la situación actual, ley que en su artículo nº 6.6 dispone: "Los Ayuntamientos deben establecer cauces de participación de los ciudadanos, además de los trámites de información pública, en las decisiones que afecten a la ordenación y ejecución de los planes y proyectos con incidencia en el territorio, cuya promoción les corresponda..." Ciudadanos como los que forman parte de las 1.650 familias que el plan de El Cabanyal pretende llevarse por delante.

 

Atendiendo a criterios arquitectónicos El Cabanyal es un grupo de viviendas que se organizan en dirección longitudinal paralela al mar a lo largo de 1.300 metros, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por la Generalitat valenciana en 1993. El Cabanyal solo se entiende unido, un conjunto que partido por la mitad pierde cualquier sentido, algo equivalente a separar las Torres de Serranos..., pueden seguir siendo lo mismo, pero ya no es igual.

 

Desde SOSTRE apostamos por un urbanismo participativo en el que los habitantes influyan en la solución final de este (su) barrio, pensamos una ciudad como suma de barrios, una ciudad que no sólo la configuran los edificios que en ellas existen, ni tan siquiera el espacio intermedio que estos generan. La ciudad (y El Cabanyal) la hacen las gentes que la habitan día a día, con los chascarrillos de los vecinos sentados a la puerta de sus casas, el xaloc que nos trae el olor a salitre, los niños correteando entre sus calles. El Cabanyal no es un barrio más, es un estilo de vida. Durante décadas los valencianos hemos llegado al mar atravesándolo, a través de la avenida del Mediterráneo, la calle del Pintor Ferrandis o la avenida del Puerto, es por ello que parece de poco sentido común obligar a más de 1.650 familias a abandonar sus casas, sus raíces, con la excusa del mal llamado progreso.

 

Es por ello que pensamos que es intolerable que se realice una intervención de semejantes características sin haber realizado una consulta sobre lo que realmente quieren las personas que viven en el barrio, aunque también pueden suprimir el Art. 6.6 de la LUV o realizar algún otro malabarismo burocrático a los que estamos acostumbrados.

 

Y aunque no sabemos si el Tribunal Supremo (o quien corresponda) declarará el plan de El Cabanyal como expolio, lo que no dudamos es que se trata de una gran injusticia para las familias que habitan en él y que han sufrido una expropiación forzosa, para los vecinos que ven cómo se degrada poco a poco por la falta de inversión en una rehabilitación necesaria, pero que no implique destrucción, y para todos los ciudadanos que en la arquitectura no sólo ven una inversión sino un pedazo de historia, de identidad y, por supuesto, de humanidad.

 

 

Publicado en el Pais, 02/02/2010

 

EL SOLAR DEL PRINCESA: un cas de participació ciutadana

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Pau Ginés i Mada Sànchez

 
Durant l'últim trimestre del 2009 l'Agrupació d'Arquitectes Sostre Arquitectes per l'Habitabilitat Bàsica, la Cooperació i el Desenvolupament Sostenible, pertanyent al Col•legi Oficial d'Arquitectes de la Comunitat Valenciana, va col•laborar en la Campanya "Recuperem el Princesa, reviscolem el barri" impulsada per diversos col•lectius relacionats amb el barri de Velluters com Endavant (OSAN), Ca Revolta i l'associació de veïns El Palleter.

La campanya té com a objectiu la recuperació d'aquest espai per a ús del veïnat i que siguen els mateixos veïns els que decidisquen el seu ús així com cridar l'atenció sobre la degradació del barri i el gran número de solars existents. A banda de participar en les labors de difusió de la campanya, l'Agrupació va realitzar un estudi amb la fi de conèixer l'opinió del veïnat entorn al solar de l'antic teatre i el seu futur ús. La primera part de l'estudi va consistir en la realització d'enquestes, en les que cal destacar el sentiment d'abandó generalitzat que sent la població de la zona per part de les administracions públiques, si bé es considera que el solar és un lloc emblemàtic del barri i la ciutat. Així mateix, quasi la totalitat dels enquestats va opinar que el solar ha de destinar-se íntegrament a instal•lacions d'ús públic, ja siguen culturals, socials o educatives, donat que hi ha carències en este sentit al districte.

A partir d'aquesta recollida de dades, l'Agrupació Sostre va dur a terme un taller de participació ciutadana amb l'objecte de crear un fòrum d'anàlisi i debat sobre el solar del Princesa dins del marc de les Jornades sobre Cooperació Local i Arquitectura. En aquest taller van participar els arquitectes inscrits, els ponents de les Jornades, així com una representació de les veïnes i veïns afectats. Aquesta experiència d'urbanisme participatiu va ser enormement positiva i, malgrat la manca de temps, es varen extreure conclusions que seran ben útils per a la continuació de la campanya. Entre d'altres es va destacar la necessitat de mantenir al veïnat afectat informat sobre temes urbanístics i es va fer especial incidència en el perill que l'ús del solar es perpetue com a aparcament de vehicles malgrat ser aquest ús prohibit segons la normativa vigent (el Pla Especial de Protecció i Reforma Interior de Velluters).

Aquestes experiències de participació ciutadana en temes d'urbanisme refermen, una vegada més, la idea que la participació pública és fonamental en les tasques de planejament i gestió del territori.La Llei Urbanística Valenciana, en el seu article 6 diu: "Els Ajuntaments han d'establir canals de participació dels ciutadans, a més dels tràmits d'informació pública, en les decisions que afecten l'ordenació i execució dels plans i projectes amb incidència en el territori".

Així doncs, des de Sostre pensem que l'Administració competent ha d'arbitrar aquests mecanismes perquè la participació ciutadana siga real i efectiva, tant en aquest cas concret del solar del Princesa, consensuant usos entre tots els agents socials, i sobretot amb els col•lectius veïnals afectats.

 

Publicado en el diario LEVANTE el 28/01/2010.

Ver en la Web de Levante.

 

¿Derecho a Vivienda?

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Daniel Atienzar, Mada Sanchez, Eva Verdu.

 

 De todos y todas es sabido que la vivienda es un derecho de toda persona, reconocido por distintas declaraciones a nivel mundial y también nacional. La Constitución Española en su artículo 47 dice: Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.” Sin embargo, también es comúnmente conocido, y aceptado, que una buena inversión económica actualmente es la compra de una vivienda. ¿Como pueden conjugarse ambos calificativos, derecho y negocio en un mismo concepto?

 

 La respuesta es clara, no se pueden conjugar. La actual situación de difícil, por no decir imposible, acceso a la vivienda para gran parte de la población o del acoso inmobiliario que está sufriendo casi la totalidad del resto, son clara evidencia de esta imposible comunión.

 

 Ante este escenario, donde se ha perdido el ejercicio del derecho a la vivienda, conviene hacer un poco de memoria y recuperar de nuestra historia reciente los acontecimientos, medidas políticas y factores económicos que nos han conducido a él.

En 1985, el llamado “decretazo”, promulgado por Miguel Boyer Salvador, (RDL 2/1985)[1] nació con la intención de “salvaguardar los intereses de los inquilinos”, pero nada más lejos de la realidad, pues auspició el inicio de su acoso inmobiliario “democrático”. Esta norma, junto con la ya existente Ley del Mercado Hipotecario[2] dieron el pistoletazo de salida a la conversión de éste bien de primera necesidad en un bien de mercado, y por tanto, objeto de negocio susceptible de máxima rentabilidad, a cualquier precio.

 

Una vez instaurada la vivienda en un mercado regido por las leyes de la oferta y la demanda, se inició el desembarco de las familias más ricas en el negocio inmobiliario, al mismo tiempo que se inauguraba una importantísima fuente de financiación estatal (IVA, impuesto sobre transmisiones patrimoniales, venta de suelo y edificios públicos,…) La consecuencia sobre las clases populares fue inmediata: vieron incrementado vertiginosamente el porcentaje de sus ingresos familiares destinado a la compra o alquiler de vivienda (hasta llegar actualmente a superar el 50% de la renta media). Esta situación provocó una concentración de capital inédita en el sector de la construcción, en las grandes empresas inmobiliarias y en los bancos y cajas de ahorros.

 

Entre 1991 y 1997 se produjo un estancamiento de los precios debido a una coyuntura económica internacional, que fue aprovechado por las grandes empresas del sector para realizar una serie de fusiones y absorber a los competidores más pequeños.

 

El 24 de Noviembre de 1996 apareció la nueva Ley de Arrendamientos Urbanos 29/1994, que, de nuevo, en lugar de modificar la tendencia de la oferta del mercado de alquiler, que seguía decreciendo, provocó el  aumento de las rentas en alquileres antiguos y con contratos de corta duración. En 1996, el PP accedió al poder y se inició la segunda gran cabalgata de la especulación. El nuevo gobierno adoptó una serie de medidas que fomentaban los procesos de especulación y empujaban a la compra de viviendas, entre ellas la Liberalización de la Ley del Suelo, con la que se dio alas a la especulación del suelo, y por tanto de la vivienda. A las medidas fiscales auspiciadas por este gobierno se le añadió la bajada de los tipos de interés y la tremendo descenso de la bolsa que hizo que los pequeños ahorradores invirtieran en vivienda por tratarse de una inversión más segura, lo que creó la aparición de innumerables inmobiliarias y promotores particulares; a su vez la entrada en vigor de la moneda única, hizo más asequible y segura la adquisición de inmuebles para el capital extranjero, que ven en este tipo de inversiones un negocio seguro.

 

Con todo este movimiento de compraventa de vivienda, su precio ha experimentado subidas espectaculares del 20% anual durante cinco años. Sin embargo, que estos incrementos sobre un bien de primera necesidad no se hayan repercutido nunca sobre el IPC, ofrece una imagen irreal de bonanza y crecimiento.

A su vez, ha aumentado vertiginosamente la cifra de pisos vacíos o abandonados: se estima que en el conjunto de grandes ciudades corresponde al 10% del número total de pisos existentes, pisos que permanecen en este estado debido a que las instituciones, entre ellas la Agencia estatal de Alquiler, lo permiten. Todo ello al amparo de los municipios, verdaderos impulsores de las recalificaciones y subastas de suelo público para sanear sus cuentas.

 

El conjunto de los factores aquí descritos ha generado lo que se ha venido denominando como la “burbuja inmobiliaria”, es decir, una insostenible burbuja especulativa de los bienes inmuebles, que ha ido creciendo sin mesura hasta su estallido, la dramática crisis y la consecuente crisis económica general, dada la dependencia absoluta de nuestra economía de este sector.

 

Hasta este momento, el sistema establecido era socialmente “correcto”: se permitía y animaba que la burbuja creciera y creciera, negando desde ciertos estamentos (incluso políticos) su existencia, no había alarma social alguna sobre los precios desmedidos de la vivienda y las condiciones de desprotección de los inquilinos de viviendas de alquiler o de acoso inmobiliario que padecían (y padecen). Simplemente se asumía “por el bien de la economía general”.

 

A día de hoy las grandes inmobiliarias solicitan al actual gobierno un plan de choque para contrarrestar las cuantiosas inversiones que han realizado y no pueden mantener (pues ahora ya no cuentan con el respaldo de los bancos, que más que facilidades, ofrecen trabas a estas empresas, visto la actual situación de crisis), inversiones realizadas al amparo de proyectos con una previsión de ganancias del 50% (algo obviamente insostenible).

 

Ante esta demanda, el gobierno, esta vez del PSOE, sigue sometido a las exigencias de estas agencias y propone medidas parcheadoras de la actual situación, que continúan dando soporte al negocio y persiguen llevarlo al estado previo a la actual situación de crisis. No se ataja el problema de la vivienda desde la base, desde el concepto de pérdida de su calidad de derecho y protegiéndola de este mercado librecambista brutal que ha desembocado en esta situación.

 

Pero ¿existe otra opción? ¿Cuales podrían ser algunas de esas medidas alternativas?

1.     Transparencia y publicidad de las operaciones de compraventa en el Registro de la Propiedad

2.     Aumento del IBI para inmuebles vacíos

3.     Despenalización de la ocupación inmuebles vacíos

4.     Revocación de los documentos de propiedad a partir de los 5 años de abandono

5.     Prohibición de la venta de suelo público

6.     Legislación y sanciones adecuadas a las prácticas de acoso inmobiliario

7.     Protección por parte de las instituciones de los inquilinos en estos casos, ...

Además, y a la larga, estas medidas deberían ser más profundas, medidas estructurales que aseguraran la vivienda como derecho y fueran poco a poco quitándole ese talante actual de negocio:

1.     Limitación de los precios de los alquileres y de la venta de viviendas (máximo un  30% ingresos para viviendas en alquiler y 20% para hipotecas)

2.     Moratoria de los PERIS (Planes de Reforma Interior) y de las reformas urbanísticas a esperas de la participación real vecinal

3.     Reforma total de la ley de arrendamientos Urbanos (LAU) [3]

Así pues, existe un camino, una vía de salida a la actual situación, pero requiere un cambio radical en las políticas de nuestros gobiernos, un cambio de mentalidad y por tanto de acción, ese cambio es posible, la pregunta es ¿para cuando?

 

Aplicación del Decreto Boyer (decretazo, acoso y derribo de los inquilinos):

-          Eliminación del contrato indefinido.

-          Eliminación de la subrogación a parientes cercanos.

-          Fomento al alza del precio de los alquileres.

-          Objetivo: “aflorar” pisos vacíos para el mercado de alquiler. ¡¡Falacia!!, resultado contrario.

-          Asegura la entrada en la CEE y la OTAN

-          Posibilidad de desahucio de los inquilinos para un uso más lucrativo (terciario) en zonas céntricas, camuflado como modernización y equipamientos. Fenómeno de la gentrificación donde la población original de un barrio o zona deteriorada es progresivamente desplazada por otra de mayor poder adquisitivo.

-          Acumulación de capital en constructoras, entidades financieras y familias pudientes.

-          Incremento del capital también para pequeños propietarios (valor doblado).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Daniel Atienzar, Mada Sánchez, Eva Verdú. Agrupación Sostre. www.sostre.org



[1] Ver cuadro adjunto.

[2] La Ley del Mercado Hipotecario formó parte de los “Pactos de la Moncloa”. Se inscribió en la tradición de la política pacificadora franquista de “cada operario un propietario” y sentó las bases para que las hipotecas se pudieran convertir en un negocio apetitoso para las entidades financieras.

[3] Propuestas recogidas en el  libro “El cielo está enladrillado”, de Ediciones Bellaterra. Se puede consultar y descargar libremente en www.sostre.org

 

 

EDITORIAL: Eina Cultural S.L.

REF. REVISTA/LIBRO (ISBN,ISSN,SUPV): 1889-3023

VOLUMEN: 8 PÁGINAS: 20-21 AÑO: Octubre -2009

 

Ver en la web de Eines.